La tortuga de Steinbeck

18 Jun

La tortuga avanzaba lentamente, arrastrando su concha, tozudamente, sin percatarse del escritor que la observaba, pesadamente, sin ser consciente de su propio simbolismo.

Noches

18 Jun

– Que se arrime un poco más al borde de la cama y que se duerma, pero dejadme en paz – me grita con voz entrecortada a través de su puerta, siempre cerrada por las noches.

Vuelvo a nuestra habitación a consolar a mi hermano Juan, que intenta ocultar la mancha amarilla de su cama y gimotea diciendo que antes mamá siempre le daba un beso en la frente después de cambiarle las sábanas. Yo la maldigo entre dientes, a ella y a todos esos amigos que la visitan cada noche.

Mnemotecnia

25 Mar

‘Un día vi una vaca vestida de uniforme’, dice sonriendo el profesor de matemáticas, y palidezco al saber desde ya que jamás aprobaré el examen de integrales. ¿Por qué no se ha limitado a decirnos que  ‘∫udv=uv-∫vdu’? Aprenderse una fórmula nunca me ha parecido un problema, pero con las reglas mnemotécnicas es otra cosa…

Se me revuelven las tripas al recordar la última vez que una de estas técnicas estúpidas cobró vida mientras estudiaba, la víspera del examen de Literatura. ‘Eurípides, no me Sofocles que te Esquilo’, había pronunciado La Pelos con aquella voz suya tan estridente mientras nos explicaba los pormenores de la Tragedia Griega. Desde entonces aquellas palabras retumbaban en mi cabeza, como una extraña obsesión, y yo intentaba borrarlas sabedor de lo que pasaría si no llegaba a olvidarlas antes de ponerme a estudiar. No pude hacerlo y, la tarde anterior al examen, en cuanto empecé con el tema en cuestión empezaron a cobrar vida poco a poco. El proceso era siempre similar, empezaba con una serie de preguntas que me distraían sin remedio de mi estudio: ¿Quién era el que le decía esa frase a Eurípides? ¿Qué estaba haciendo Eurípides para que el otro pronunciase semejante amenaza? ¿Por qué le estaba ‘sofoclando’? ¿Qué narices era eso de sofoclar? ¿Era un barbero o acaso un esquilador el que profería la amenaza? ¿Por qué si no iba a esquilarle? ¿Tan peludo era Eurípides como para que le esquilaran? ¿Se reirían de él los demás griegos por ser tan velludo? ¿Quizá por eso se dedicó a escribir tragedias? ¿Pasaría calor allí en la antigua Grecia con tanto vello corporal? Y mientras aún me atormentaban las preguntas que seguían surgiendo de mi cabeza, comenzaba la segunda fase de mi pesadilla mnemotécnica: La foto del busto tallado en piedra de Eurípides que aparecía en el libro de Literatura cobró vida al lado de mi escritorio, al mismo tiempo que le iban saliendo pelos de todas partes. Era un Eurípides cada vez más peludo, con más pinta de chimpancé que de poeta trágico, que profería gritos en un extraño lenguaje (yo supuse que sería griego antiguo, pero no quise pensar mucho en ello, para que no empezasen a surgir lenguas muertas de los armarios de mi cuarto). El destinatario de aquella ira era un extraño personajillo que, armado con unas tijeras de esquilar, perseguía a duras penas a Eurípides por mi cuarto mientras luchaba por intentar respirar, ya que el pelo del poeta lo estaba ‘sofoclando’ cada vez con mayor intensidad. La pelea se prolongó durante horas, los alaridos de uno y otro hacían imposible estudiar, el libro empezaba a llenarse de pelos esquilados, la tinta de mis apuntes se emborronaba con las gotas de sudor del acalorado poeta, y el dolor de cabeza provocado por la retahíla de preguntas comenzaba a ser insoportable. ‘Está bien, lo he intentado, yo no tengo la culpa’ me dije mientras cerraba el libro de golpe y me metía en la cama a dormir, sabiendo que el examen lo tenía suspendido sin falta de hacerlo.

‘Un día vi una vaca vestida de uniforme, recordadlo’ repite al finalizar la clase, y yo sólo puedo confiar en que se trate de una sola vaca y a ser posible lechera, no quiero ni pensar en intentar hacer integrales con toda una manada de vacas bravas vestidas con falditas de cuadros.

Una historia de amor elemental

22 Mar

Ella era como el fuego y él era como el agua. Se atraían y se amaban, tanto que querían estar juntos para siempre. Conseguían casi siempre mantener a los elementos en armonía, con momentos apasionados de llamas refulgentes y ríos de aguas bravas, y otros más calmados de brasas confortables con el mar en calma del atardecer. Otras veces no podían escapar a su propia naturaleza, y él se comportaba como un mar embravecido, salpicándolo todo, deseando ser un tsunami cuando veía cómo su ígnea amada, jugando con sus llamas, iba prendiendo los corazones y calentando los cuerpos de otros que, al igual que él, no podían resistirse al atractivo hipnótico del fuego. Después de estos pequeños incendios y sus grandes tempestades, se reinstauraba ese equilibrio mágico en el cual el agua no apagaba al fuego y éste no evaporaba al agua.

Orgullo vegetal

22 Mar

Desde aquella fatídica noche de tormenta en la que un certero rayo impactó en él, llevándose consigo dos de sus cuatro ramas principales, el viejo árbol no volvió a ser el mismo. Los pájaros ya no anidaban entre su follaje, las ardillas lo esquivaban en sus correteos juguetones y ninguna pareja de enamorados se sentaba ya a su sombra para tallar un corazón.
Comenzó a inclinarse peligrosamente debido al reparto desigual del peso provocado por aquella mutilación, adoptando poco a poco una figura como de viejo encorvado, que reflejaba perfectamente su estado anímico, cada vez más melancólico. La idea de la muerte le rondaba día y noche pero, ¿cómo iba a quitarse él la vida siendo un árbol? Cualquier acción que conllevase movimiento quedaba descartada, ya que sólo cuando el viento mecía sus ramas había sido capaz de experimentar algo diferente a la quietud más absoluta. Por otra parte, confiar en que un fuerte vendaval lo tirase al suelo no sólo era aferrarse a algo harto improbable, sino que morir a manos de un tercero suponía para él otra humillación a sumar a aquella del rayo que lo había desmembrado, y él era demasiado orgulloso para consentirlo. No podía dejar de comer o beber tampoco, su alimentación no era algo voluntario, estaba basada en principios físicos como la ósmosis y la capilaridad, y no podía hacer nada para evitarlos.
La aparición repentina de aquella pareja de leñadores señalándole le provocó sentimientos encontrados: por fin todo iba a terminar, pero iba a verse derrotado por un par de simples humanos, era la muerte la que se dirigía hacia él y no él el que acababa con su vida. Fue cuando llegaron bajo su copa e iban a comenzar a talarlo cuando pudo por fin saborear la victoria, al reconocer, sin duda alguna, que la madera con la que estaban fabricados los mangos de las hachas era carne de su carne, madera proveniente de aquellas ramas mutiladas, “podría considerarse suicidio asistido” se dijo antes de caer.

Rutina

22 Mar

La misma rutina desde hace quince años: antes de ir a trabajar caminar dos manzanas hasta una cabina telefónica un poco apartada, introducir las monedas, marcar un número al azar y esperar a escuchar la voz al otro lado… comprobar que no es la de ella (al principio esto le producía una sensación a mitad de camino entre la desilusión y la estupidez) y colgar. No era tonto, sabía de lo improbable de encontrarla con ese sistema, pero también sabía de la promesa que realizó y él era un hombre de palabra. Hacía más de una década que había limitado su búsqueda a esa llamada matutina, encomendándose a la diosa Fortuna para acertar con el número correcto, algo que deseaba más que nada en esta vida. Y ahora está allí, lleva dentro de la cabina más de dos horas, llorando desconsolado, la maldita rutina ha hecho que mientras su oído derecho escuchaba por fin la voz de ella, su mano izquierda, entrenada durante años, se adelantase a colgar, como hacía cada día.

Cuento de Navidad

22 Mar

Las navidades de la crisis fueron con diferencia las peores. Como papá no trabajaba  estaba más tiempo con nosotros que nunca antes, pero ese tiempo lo dedicaba a redondear anuncios en el periódico, llamar por teléfono y encerrarse durante horas en la habitación, de la que salía con los ojos enrojecidos y cara de pocos amigos. Pero lo peor fue el imperdonable despiste de mis padres de no comunicar, cuando nos mudamos del chalet a este miniapartamento de las afueras, el cambio de dirección a los Reyes Magos. Algún niño con suerte recibiría doble de regalos ese año…

Política municipal

22 Mar

Sintió asco y sorpresa. Se había pasado los cuatro últimos años, y de manera más contundente durante la campaña electoral, denunciando y criticando la evidente corrupción de su rival político y alcalde hasta el mes pasado. Había sacado a la luz gran parte de sus chanchullos y demostrado que estaba vendido a una gran empresa constructora de la capital. Como si todo lo anterior careciese de importancia, este hombrecillo gris con pinta de contable se presentaba ahora ante él y plantaba sobre su mesa de alcalde recién estrenada un sobre lleno de billetes de 500 euros. Asco y sorpresa, sumados a la vergüenza, mientras estrechaba la mano de aquel desconocido y se decía interiormente “sólo por esta vez y para terminar de pagar la hipoteca”.

La gripe

22 Mar

Fingir una gripe había resultado fácil, no era primer lunes que lo hacía para evitar ir al trabajo y alargar un poco el fin de semana, sobre todo después de uno tan lleno de excesos como éste.
Una llamada al centro de salud y ya tenía hora con el doctor Muñoz. El viejo doctor llevaba tantos años en el mismo puesto que había perdido toda la ilusión que antaño le producía el ejercicio de la medicina, el sistema había anulado cualquier rastro de su vocación y ahora el médico se comportaba como tantos otros funcionarios: quitarse el trabajo de encima de la manera más cómoda y acabar rápido con el papeleo interno para no tener problemas con sus jefes.
Sonó su nombre por la megafonía y entró en la consulta. Después de un breve saludo le explicó los falsos síntomas: fiebre, cansancio, dolor en las articulaciones y en la garganta… Sin apenas mirarle el doctor le extendió una receta de ibuprofeno y el ansiado parte de baja, tras teclear con dos dedos el diagnóstico en la ficha de paciente que aparecía en la pantalla de su ordenador.
De vuelta a casa, no hubiera resultado conveniente quedarse de paseo por la ciudad mientras fingía una enfermedad, encendió la tele en busca de algo interesante, pero no había nada aparte de sesudos debates, programas de cotilleos o dibujos animados, por lo que acabó quedándose dormido.
El ruido de sirenas y disparos lo despertó, ¿qué estaba pasando? En la tele informaban de los peligros y síntomas de la súbita epidemia de una desconocida enfermedad, probablemente una variante mortal y altamente contagiosa del virus de la gripe, que había hecho que se declarase el estado de excepción. Se levantó a por una Coca-Cola mientras su cerebro terminaba de despertar, cuando de pronto la puerta de su piso cayó derribada, dejando pasar a un ejército de personas con guantes y máscaras que lo redujeron en cuestión de segundos y lo condujeron hasta un autobús a medio llenar. De nada sirvieron sus gritos y protestas mientras lo llevaban, rodeado de otros enfermos, al campo de exterminio.

Compra-venta

22 Mar

Con el presupuesto que me dice que maneja tendrá que decidirse entre estética o funcionalidad, no se puede tener todo, ya sabe. Ah, y acuérdese de elegir bien qué prestaciones desea que tenga el modelo que compre, porque va a tener que renunciar a varias de las de coste más elevado, y ya dice claramente en el contrato que no se aceptan devoluciones salvo por defectos de fabricación, y no aceptamos reclamaciones por problemas ocasionados por una utilización incorrecta o por su uso para  fines diferentes de aquellos para los que se programe. Y no me ponga esa cara, que se le nota que es un hombre inteligente y seguro que, a pesar de que no va a poder hacerse con una de las de alta gama, es capaz de hacer la mejor elección y no va a arrepentirse. Además ya sabe que todos nuestros productos son de la más elevada calidad, fabricados con las últimas tecnologías y mucho más seguros y satisfactorios que las alternativas naturales y tradicionales, con las que la incertidumbre está a la orden del día, porque ¿quién le garantiza a usted que una mujer que conozca por la calle le va a dar los mismos resultados, y mantenidos a lo largo del tiempo, que una comprada en Medianaranja S.A.?